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martes, 8 de septiembre de 2015

El peruano que resolvió un problema de 271 años

Cuando tenía ocho años, el peruano Harald Helfgott se planteaba preguntas matemáticas que el resto de sus compañeros tal vez se harían recién en la secundaria. ¿Por qué 0.99999 hasta el infinito podía ser igual a 1? ¿Cómo hallar la raíz cuadrada de -1? ¿Cómo hallar la raíz cuadrada de un número imaginario? Harald encontraba las respuestas y se sentía maravillado: "Era un gran placer responder a mis propias preguntas en el colegio". El matemático Helfgott, nacido en Lima en 1977, asistió a una escuela de la capital peruana y con los años potenció su curiosidad matemática hasta tener como resultado una brillante carrera. Estudió becado en la Universidad de Brandeis, Estados Unidos, llevó un doctorado en Princeton y un post doctorado en Yale, y se convirtió en investigador en el Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia. Este año, Helfgott fue el primer latinoamericano y el científico más joven en ganar la Cátedra Humboldt, que dota a sus beneficiarios con 3,5 millones de euros por responder a una pregunta que rompía la cabeza de los científicos hace casi 300 años: "¿Es cierto que todo número impar mayor que cinco puede expresarse como la suma de tres números primos?". Harald Helfgott:"Era un gran placer responder a mis propias preguntas en el colegio". La pregunta nacía de la llamada Conjetura débil de Goldbach. En 1742, el matemático prusiano Christian Goldbach envió una carta a su colega suizo Leonhard Euler en la que proponía que todo número par mayor que dos puede escribirse como la suma de dos números primos y que todo impar mayor que cinco puede escribirse como la suma de tres primos. Ninguno de los dos estudiosos pudo comprobar las afirmaciones, por lo que quedaron como conjeturas. La segunda fue conocida como "débil" porque estaba incluida en la primera, que comenzó a llamarse "fuerte". "El trabajo serio para comprobar la conjetura débil comenzó a principios del siglo XX. Antes, nadie sabía ni por dónde comenzar", dice Harald Helfgott. Probarla podría tomar otros tres siglos.
En 2005, este matemático comenzó a estudiar el trabajo de otros científicos que habían comprobado la conjetura débil para cierta cantidad de números. El enunciado de Goldbach sonaba muy simple, pero probarlo para todos los números impares hasta el infinito era muy complejo. Harald comenzó a buscar una prueba el 2006. Carta del científico Golbach a su colega Euler, en un intento de resolver la famosa conjetura matemática. En febrero de 2012, cuando ya estaba muy cerca de encontrarla, se levantaba muy temprano todos los días para dedicarse a esta tarea y llegaba a su oficina por las tardes. Solo aquí revisaba su correo electrónico y buscaba información, pues había suspendido la conexión a Internet en su casa, para no distraerse. En la noche, volvía a concentrarse en el trabajo de la conjetura hasta la hora de dormir. En junio de 2013, por fin halló la respuesta y demostró en un trabajo de 79 páginas que la conjetura débil de Goldbach era cierta. La demostración de la conjetura en sí misma tal vez no sirva para nada. "Más bien las ideas o herramientas aplicadas para hallar la demostración son las que serán útiles para la teoría de números o en algunos casos fuera de ella", explica Harald. Gracias a su trabajo, el matemático peruano ha sido invitado a dar charlas en Australia y varios países de América, Europa y Asia. Ahora está investigando sobre teoría de números en el Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada (IMPA) de Río de Janeiro, Brasil. En unas semanas, partirá a la Universidad de Göttingen, Alemania, para dar clases y dividir los fondos de la Cátedra Humboldt en nuevas investigaciones matemáticas. El matemático peruano ha sido invitado a dar charlas en Australia, América del Sur, Estados Unidos, Europa y Asia. Harald también ha recibido una beca del Consejo de Investigación de Europa, que invertirá en multiplicar los conocimientos de la teoría de números. En su tiempo libre, Harald cocinará platos peruanos para sus amigos y retomará sus clases de tango básico. ¿Intentará ahora demostrar la conjetura fuerte de Goldbach? "Falta desarrollar herramientas, ideas para comprobarla", dice. "No creo que esté al alcance de la comunidad matemática por el momento".

La extraña foto del Chapo Guzman en Costa Rica

¿Error, estupidez, impunidad o pura mentira? Por alguno de estos motivos, uno de los hijos del Chapo Guzmán, el capo narco especialista en fugarse de cárceles de máxima seguridad, publicó en las redes sociales una foto en que aparece con su padre en Costa Rica. En la imagen, la localización mostraba que se encontraban en tierra tica. La etiqueta geográfica desencadenó una ola mediática y muchas preguntas. El líder del cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán alias ‘El Chapo’, es buscado bajo las piedras tras escapar de la prisión federal de máxima seguridad El Altiplano, en México, el pasado 11 de julio, donde llevaba encarcelado más de un año. La Procuraduría General de la República mexicana (PGR) ha ofrecido una recompensa de 60 millones de pesos (3,8 millones de dólares) por información “verídica” del paradero de El Chapo. Pero del capo narco no hay rastros. Ni media pista. Hasta que su hijo va y publica una foto en la que supuestamente se olvidó de desetiquetar su ubicación geográfica
Agustooo, aquí, ya saben con quién, apatoroo”, fue el comentario que acompañó la foto, difundida supuestamente desde el país centroamericano. ¿Verdad, mentira o juego? Difícil dar credibilidad a la foto o a si la cuenta pertenece realmente a Alfredo Guzmán; pero el sólo hecho de que se aprecie en el geotag a Costa Rica, generó un escándalo en el que todo el mundo salió a cuestionar al Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de ese país. “Vamos a verificar si tiene o no relación. No hay nada que confirme en este momento que está en nuestro país”, dijo Gerald Campos, director interino del OIJ. La cuenta @AlfreditoGuzma sí es de un usuario que cuenta con material que constantemente comparte y en la que se cuida el cubrir los rostros del supuesto hijo de ‘El Chapo’; cabe aclarar que en el municipio mexicano de Culiacán hay una localidad que se llama Costa Rica.

La paradoja de Donald Trump: nieto, hijo y marido de inmigrantes

La ira de Trump sigue llenando la panza de la actualidad en EEUU. Su caballo de batalla favorito es la inmigración: amenaza existencial para la América blanca, resentida y de bajos ingresos que le da su apoyo. Sin especificar cómo, el precandidato presidencial quiere deportar a los 11,3 millones de personas sin papeles que viven en el país, arrebatar la ciudadanía a los bebés nacidos allí y levantar un muro de casi 5.000 kilómetros en la frontera con México “para mantener a los ilegales fuera”. Algunos le han acusado de incitar al odio racial, como Randy Blazak, profesor de la Universidad de Oregon, criminólogo y experto en crímenes de odio: “Trump explota el 'fanatismo cortés' que yace bajo la superficie de América”, explica a este diario por email. “Hay una larga tradición de odio a los inmigrantes como forma aceptada de fanatismo. Trump ha dado permiso (a los votantes) para expresar comentarios racistas y ha sido recompensado por ello”. Blazak aclara que los ataques de Trump se dirigen sobre todo a “gente marrón”, que designa a latinoamericanos, indios o árabes. Y sin embargo, la paradoja: Donald Trump es fruto genuino de la inmigración. Es hijo, nieto y esposo (en dos ocasiones) de extranjeros que llegaron a Estados Unidos buscando un futuro mejor. Mire adonde mire, Trump no tiene escapatoria: está rodeado por inmigrantes. Un burdel en el 'barrio rojo' de Seattle La saga americana de los Trump comenzó en 1885, cuando Friedrich Drumpf, alemán de Kallstadt, desembarcó en Manhattan con 16 años y una maleta. Huía en secreto del modesto viñedo familiar, de su madre viuda y de la profesión de barbero para la que se había formado. El joven Friedrich no tardó en aprender inglés y “nativizar” su nombre: Frederick Trump. Se dejó crecer un bigote señorial y puso rumbo al Oeste, consumido entonces por la fiebre del oro. Más que el mineral en sí, Frederick codiciaba el sueldo de los trabajadores. Primero explotó un burdel en el “barrio rojo” de Seattle. Luego se mudó a la ciudad minera de Monte Cristo, donde construyó un hotel con restaurante y burdel para esparcimiento de los obreros. A Monte Cristo siguieron negocios parecidos en otros lugares boyantes de EEUU
© Proporcionado por El Confidencial Manifestantes protestan contra la candidatura de Trump a las puertas de la Torre Trump, en Nueva York, el 3 de septiembre de 2015 (Reuters). “Trabajó en un medio muy exigente, recorriendo pasos de montaña en invierno acarreando material”, dice a El Confidencial Gwenda Blair, profesora de Periodismo de la Universidad de Columbia y autora de Donald Trump: Master Apprentice. “Era muy tenaz; hacía lo que fuese necesario para tener éxito. Esa determinación pasó a su hijo, padre de Donald, y al propio Donald. Mucha persistencia, no abandonar nunca, no dudar en forzar las reglas. Es la cultura familiar”. Frederick acabó instalado en Queens, Nueva York, donde su mujer, otra inmigrante alemana, dio a luz a Frederick junior, padre del actual precandidato presidencial. Empujado por una sed parecida a la de Friedrich, aunque más metódico, Fred Trump creó un pequeño imperio inmobiliariolevantando viviendas de clase media en los distritos de Brooklyn y Queens. La otra pieza del puzzle migratorio. La segunda pieza de este puzzle migratorio es Mary Anne Trump, nacida McLeod. Esta escocesa hija de pescadores conoció a Frederick Trump junior cuando visitaba a su hermana en Nueva York. Se casaron y tuvieron cinco hijos. El cuarto de ellos, Donald, de 69 años, demostró ser una mezcla letal del temperamento de sus padres. “La madre de Donald Trump era muy sociable y tenía un gran instinto dramático; le gustaba llamar la atención”, continúa Blair. “El padre de Donald era un hombre de negocios muy astuto, muy bueno recortando costes en todo y aparentemente muy tímido. No le gustaba estar en el candelero, pero a su mujer le encantaba. Donald es una mezcla de ambos: tiene la perspicacia del padre para los negocios y la predilección materna por ser el foco de atención”. Donald Trump no tardó en reclamar su hueco. Empezó acompañando a su padre en la colecta de los alquileres y en 1971 ya volaba por su cuenta en el panorama hotelero de Manhattan. En 1973, la Fiscalía le acusó de violar la ley en la construcción de 39 edificios y en 1988 dio el salto a los casinos, a los que seguirían programas de televisión y diversas líneas de ropa, siempre con su nombre. Mientras, su vida privada copaba la noche neoyorquina y la prensa rosa. En 1977, el empresario se casó con Ivana Zelníčková, modelo checoslovaca y excampeona de esquí, que pronto ejerció como decoradora del imperio Trump. El magnate continuaba así la tradición familiar: sus abuelos eran inmigrantes, su madre también y, ahora, su esposa. Y después de un costoso divorcio con Ivana, Donald Trump se casó con otra extranjera, Melania Knauss, en 2004: una diseñadora de relojes y joyas y exmodelo nacida en Eslovenia, antigua Yugoslavia. Dos años después de su boda, Melania Trump obtuvo la nacionalidad estadounidense. “Trump nunca ha tenido problema en ser contradictorio”, declara Gwenda Blair. “Él siempre ha estado centrado en la audiencia. Su base de poder es un gran número de americanos que se sienten defraudados, que creen que América ya no es grande porque hay gente de fuera que se ha metido en el camino. Trump ha dedicado toda su carrera a construir su propia marca, a venderse. Hay quien lo llama 'post-política': ya no importa la política en sí, sino cómo se vende. Está en las portadas de los periódicos todo el tiempo y nadie presta atención a qué haría concretamente si es presidente”. “Casi todos los estadounidenses son descendientes de inmigrantes”, concluye Randy Blazak. “La mentalidad es que todo aquel que llegó antes es legítimo, un 'americano real', y no quien vino luego. Hace 100 años los inmigrantes irlandeses no eran considerados 'blancos'. Tendemos a romantizar a nuestros ancestros inmigrantes y a demonizar a los actuales, pero son exactamente lo mismo”.